17 de octubre de 2026
Let’s be real: el yoga no siempre te da lo que buscas
Vivimos en un mundo que compite constantemente por nuestra atención. Algo nuevo que ver, una experiencia diferente, un estímulo más. Nos hemos acostumbrado a buscar aquello que nos sorprende, nos entretiene o nos hace sentir algo de inmediato.
Al principio, todo lo nuevo resulta estimulante. Pero ¿qué ocurre cuando llevas años practicando y las posturas empiezan a resultarte familiares? La mente pide cambio, algo diferente, algo que vuelva a despertar su interés.
En yoga ocurre igual.
Respiramos. Repetimos las mismas asanas. Queremos salir de la postura, pero se nos invita a permanecer unos instantes más. Volvemos a empezar.
El yoga no siempre nos ofrece intensidad, una descarga física o esa sensación inmediata de recompensa que a veces buscamos en otras actividades. Especialmente en las prácticas más pausadas, no siempre hay algo extraordinario que experimentar. A veces, simplemente, estamos ahí.
Y quizá eso sea precisamente lo que más nos cuesta.
No porque el yoga sea aburrido, sino porque no todo lo valioso tiene que mantenernos constantemente estimulados.
En mis clases siempre lo digo: el trabajo no consiste en evitar que la atención se disperse, sino en aprender a traerla de vuelta al presente, una y otra vez.
Una de las cosas más interesantes de la práctica es, precisamente, su carácter repetitivo. Volvemos a las mismas posturas, a la respiración, al silencio. Pero nunca llegamos exactamente igual: nuestro cuerpo cambia, nuestra energía cambia y también lo hace nuestra manera de percibir.
Repetir no significa estancarse. A veces, el cambio no consiste en hacer algo diferente, sino en aprender a mirar de otra manera aquello que ya conocemos.
En los Yoga Sūtras de Patañjali encontramos un concepto que expresa esta idea: abhyāsa.
En el sutra I.13 leemos: Tatra sthitau yatno ’bhyāsaḥ, que podemos traducir como el esfuerzo por permanecer firmemente establecidos en la práctica.
No se trata de repetir mecánicamente ni de perseverar a cualquier precio, sino de cultivar continuidad, atención y compromiso, incluso cuando no hay una recompensa inmediata.
Quizá por eso el yoga no siempre encaja con la cultura de la novedad constante. Nos invita a profundizar en lugar de acumular experiencias, a permanecer en lugar de pasar rápidamente a lo siguiente.
Same practice, same breath, same mind, same you.
Volver a la esterilla también significa volver a encontrarnos con nosotros mismos: con nuestra impaciencia, nuestras expectativas, la necesidad de hacerlo bien o el deseo de avanzar. A veces descubrimos que seguimos reaccionando igual que hace meses; que nos cuesta permanecer quietos, que queremos terminar una postura antes de haberla habitado de verdad.
Y observarlo no siempre es cómodo.
Pero el yoga no está aquí para entretenernos ni para ofrecernos una vía de escape constante. Está para acercarnos a nosotros mismos, ayudarnos a observar cómo habitamos el cuerpo y cómo respondemos a lo que sucede, dentro y fuera de la esterilla.
Eso no significa que debamos forzarnos a continuar cuando necesitamos descansar, adaptar la práctica o explorar algo diferente. La perseverancia también requiere escucha y discernimiento.
La pregunta es otra: ¿estamos cambiando porque lo necesitamos o porque hemos dejado de sentir aquella emoción inicial?
No siempre tendremos una respuesta clara. Pero aprender a hacernos esa pregunta ya forma parte del camino.
No todo necesita sorprenderte.
No necesitamos renunciar a la novedad, al juego o al disfrute. Pero quizá sí podemos cuestionar esa necesidad de que todo lo que hacemos nos ofrezca algo nuevo.
No todas las prácticas tienen que ser reveladoras. No todas tienen que hacernos sentir mejor. Algunas serán intensas; otras, sencillas. Y aunque todas suman, no siempre podremos identificar lo que nos han aportado justo en el momento.
La profundidad no siempre se reconoce de inmediato. En yoga se construye poco a poco, a través de la continuidad y de la disposición a prestar atención.
Quizá el verdadero reto no sea encontrar una práctica que consiga sorprendernos cada día, sino cultivar la capacidad de estar presentes incluso cuando nada parece extraordinario.
Same practice. Same breath. Same mind. Same you.
Y, aun así, siempre existe la posibilidad de descubrir algo diferente.
La próxima vez que vuelvas a la esterilla, pregúntate: ¿necesito algo nuevo o estoy dispuesto a profundizar en aquello que ya conozco?