Alba Serrano Parra
Blog

5 de septiembre de 2026

Volver a la esterilla en Septiembre...

Comienza Septiembre y, con ello, la vuelta a muchos de los hábitos... incluyendo quizá tu práctica de yoga. A mí personalmente Septiembre me encanta precisamente porque es un momento en el que calibrar lo que quieres retomar y lo que merece cierto cambio en tu rutina.

En cuanto al yoga... quizá empiezas septiembre pensando que volver a tu práctica te va a traer paz.

Y claramente sí, la trae. Trae claridad y paz. Por eso nos gusta practicar.

Pero hoy vengo a hablar de lo que también trae consigo la práctica de yoga...
Muchas veces la práctica te invita a mirar de frente aquello que llevas tiempo evitando.

Todo eso que utilizamos para no sentir: estar siempre ocupados, buscar validación, hacer más, demostrar más, mantenernos distraídos, salir corriendo hacia fuera.

Hasta que un día, en la quietud de la esterilla, te encuentras contigo.

Sin demasiado que hacer.
Sin nada que demostrar.
Sin público y, por tanto, sin personaje.

Y ahí aparecen las preguntas de verdad:

¿Quién soy cuando no tengo nada que demostrar?
¿Qué hago cuando estoy a solas conmigo?
¿Cómo me hablo cuando nadie más escucha?

Ahí, el silencio, la respiración y el tiempo sobre la esterilla dejan de ser simplemente ejercicio y se convierten en otra cosa.

Ya no hace falta llegar a ningún sitio... sino sostenerte en el que estás.
Estar. PERMANECER.

Y sostenerte no siempre es agradable...
A veces es aburrido.
A veces duele.
A veces aparecen cosas que preferirías no mirar.

Por eso meditar, practicar o simplemente estar quieto no significa encontrarte en calma todo el rato. Significa aprender a quedarte, incluso cuando lo que aparece no te gusta.

Hay algo que he aprendido después de años sobre la esterilla: la práctica no siempre te hace sentir mejor.

A veces, sencillamente, te hace sentir aquello que llevabas tiempo evitando.

Y quizá ahí esté una de las razones más profundas para volver.

Porque cuando dejas de practicar durante una temporada, se nota.

Hay más ruido.
Más desconexión.
Más dificultad para parar.

No porque el yoga sea magia.

Sino porque habías construido un lugar al que volver.

Un espacio para escucharte.
Para respirar.
Para estar contigo.
Para recordar quién eres debajo de todo lo que haces y de todo lo que intentas demostrar.

Practicar no es hacerlo perfecto.

Es volver.
Una y otra vez.

Volver cuando tienes ganas y también cuando no.
Volver a traer la mente al presente cuando se pierde en los pensamientos.
Volver cuando todo está en calma y cuando por dentro hay ruido.
Volver, simplemente, a ti.

Quizá ese sea uno de los lados más incómodos y, a la vez, más bonitos del yoga: cuando empiezas a conocerte, ya no puedes mirar hacia otro lado de la misma manera.

Y ahora que empieza septiembre, quizá no se trate de empezar de cero.

Quizá se trate simplemente de volver a la esterilla.

A ese lugar que ya conoces.
A ese espacio que te espera sin exigirte nada.
A ese momento de la semana en el que puedes parar, respirar y volver a estar contigo.

Así que, llegado Septiembre... es hora de volver a la esterilla con todo— lo bueno y lo menos bueno.
Porque al final, aquello que incomoda te hace crecer y suele merecer la pena, ¿no? :)

Nos vemos en la esterilla.